lunes, 22 de febrero de 2010

Adiós Para Nadie

Escapar de este mundo agrandado

Saltar de golpe por la ventana

Hacia lo nunca vivido o saboreado

Saltar por la ventana

Dar la espalda al caos

Conocer la tierra en que he de derramarme

Adiós

Adiós para siempre

Adiós para nadie

No encontrar jamás el camino de regreso

Golpear el sonido nuevo

Con pies nuevos

Saltar por la ventana

Hacia lo infinito del mundo pequeño

Hacia la sabiduría de los ojos primitivos

Adiós al dolor salado

Bienvenida al nacimiento salvaje

En las rocas y en el cerro

Infinitamente tierra

Para siempre

Adiós

Ya huye la conciencia

Quiere reconocerse en el diminuto amor

Y olvidar que nació en el basural

En la muerte civilizada

En este feo flagelo sucio y asesino

Adiós

Adiós para siempre

Claro que Amo la Carne

Claro que amo la carne

Pero cuando la sueño

quiero vivirla

Y cuando la vivo

quiero soñarla.

ENTRÓPICO

No sucederle más al mundo,

eso es todo, no hay sobras

ni derroches, miradas

terminales para renunciar

al latido, decaer hacia

lo amniótico, sorprenderse

en reversa y casi histéricamente

sonreír de irreversibilidad,

consumir el único minuto,

podrir la proyección ciega

entre desdenes agobiantes,

conseguir un espacio bajo tierra,

sangrar los dedos, los deditos

y los órganos, suculentamente

lento desnudo entre los ámbitos,

irreconocible entre los dioses,

saludable y hostil para la

detención y la demora;

carcomerte y carcomerte

con mi saliva, beber tu

saliva, gozar tu saliva,

escupir entre las burlas del

dolor, salir de la

existencia como un sol,

y no sucederle más al mundo

La Topografía de la Vida es otra Cosa

Si la cima lastima, también lo hace el fondo del pozo. Ambas terminales concluyen en la muerte; una en la muerte del espíritu, la otra en una muerte total que no se sabe bien que implica en cuanto a su totalidad. Pero la cima no es las cimas, y el fondo no son los fondos. De hecho es posible que ni siquiera existan. Porque a ver, qué puede ser un ejemplo de la cima. El codicioso siempre podrá ampliar su voracidad o dirigirla a un referente nuevo. El artista exitoso puede ganar todos los premios y aún así ansiar el perfeccionamiento de su obra… ah, pero los premios pueden llevarte a una especie de cima, pueden hacer que el triunfador regrese a casa después de los honores, y descubra con estupor que su mundo acaba de ser vaciado.

Cima es como Cema, Cema es una cosa muy mala, una insulsez insultante que hizo la vieja pinocheta para drogar a las señoras con artesanías repugnantes e inducirlas a transar el descalabro posible del tiempo “libre” por unas onces con Sábados Gigantes. Hay que tratar a los niños como a personas y no hay que tratar a las personas como niños. No hay que decirle ruinas a los vestigios arqueológicos ni pensar en que esos objetos viejos son unos cacharritos que hacían unos indiecitos lo más pintorescos, unos diaguita, pintando esos monitos, tratando que les quedaran bien pero les quedaban raros porque eran como un cema que había antes. La gente cree que la prehistoria es la vitrina de museo, no en verdad no creen eso, no piensan en la prehistoria, ven la vitrina del museo y sienten como entre indiferencia y lástima por esos antiguos cema que trataban de hacer cacharritos como con una forma pero les salían mal porque eran indiecitos no más los pobre, y anotan en su diario íntimo que ejercieron la cultura y a continuación sonríen babosos porque ya luego van al Líder a comprar pasteles con torta con muebles ordinarios para poner la mansa tele.

O lo que mata no es la cima ni es el fondo, es la ceguera o es el pensar que no cabe pensar por sí mismo. Hay quien no piensa en pensar y hay quien se desalienta al pensar en que qué van a pensar si ya todo está pensado, y se avergüenzan de no lograr ser originales en sus ideas. Es rara esta fijación por lo original. Es como un shortcut para destacar, no por el peso de lo dicho o hecho, sino sólo porque las memorias concurrentes no registran en su capa superficial haber asistido a la apreciación de nada semejante. Para ser original o lograr dar lugar a una originalidad, entonces, basta con ser sistemático y acucioso hasta dar con eso que los demás han de validar como inédito. Ser original no es por si mismo un valor en el arte. Ser original demanda más taxonomía aplicada que entrega a la obra. Si la originalidad se da como epifenómeno, uy qué bueno. Pero dista de ser un valor en sí mismo.

De hecho, ¿no es hermoso que en tan distantes momentos y espacios los seres humanos hayan llegado a la misma poco original conclusión de que para cazar lo mejor era hacer unas especies de puntas, bifaciales, con materias primas finas, de dureza media, y lanzarlas con astil o con arco o simplemente atarla a la lanza? Los pensadores de las últimas décadas se obsesionaron con la diferencia, pero de una “mala” manera, y soslayaron la riqueza y la elocuencia de las semejanzas. Digo “mala” manera porque se obsesionaron con la diferencia de los siguientes modos o por las siguientes razones:

- Adolescentemente. A partir de los 50 el creciente control o más bien, normalización, que los gobiernos, liderados por el modelo gringo, pretendieron imponer al viviente de este planeta llevaron a la necesidad de afirmar la propia condición humana –que se realiza como dice el amigo a.e., en el ejercicio de la libertad- mediante el ser y parecer diferente, para poder ser y parecer una persona… aún.

- Por desesperación disciplinaria (que es lo mismo que decir por vanidad). La antropología nunca hubiera existido si no se hubiese vuelto evidente la diversidad cultural para esos hombres que comenzaron a enfrentarse a la eclosión de sociedades múltiples por doquier en esta tierra. La justificación entonces de su origen fue –omitiendo los usos políticos- la diversidad abrumadora bajo la cual se presentaba lo humano. Entonces podíamos darnos el lujo de ser evolucionistas y decir, oh sí, concluyo que todos somos lo mismo, la diversidad no es más que la etapa en qué vas del juego. La diversidad enhebrada por el único hilo del progreso la redujo y permitió que esos pobres estudiosos pudiesen resolver que los cema o los indios, ufff, sí eran gente… pero ay, la historia acabó con los simpaticones de los Otros, y los antropólogos, desesperados ante la disolución de su objeto de estudio, empezaron a enfocarse en lo diferente, hasta llegar a sostener la total arbitrariedad de la cultura en cuanto sistema simbólico… ¿arbitrariedad? Nunca del todo. Las respuestas absolutas suelen ser las peores (piénsese si no, en qué hay de arbitrario en hacer transversalmente vasijas de cerámica y no de hojas de árbol). Los significados y, por sobre todo los sentidos, varían incluso en aquellas expresiones externamente idénticas. Pero no puede haber diferencia ni valorización de la misma, si no hay semejanza, si no hay un eje tan general pero tan perfecto que nos permita decir (a nivel cultural): hay muchas lógicas, infinitamente divergentes, pero todas lógicas, todas consistentes, todas inteligentes. Por eso tiene sentido pensar que yo puedo aproximarme a tu sentido, y aunque no lo haga mío, sí lo vea, si lo comprenda, sí lo entienda como legítimo.

Pero volver a la cima y al fondo, volver, a ver qué tanto. No hay cima. Pero hay alturas (mundanas). No todos parecen preparados para ellas. Muchos colapsan ante el peso del “éxito”. Otros se corrompen. Otros pierden contacto con la fractura inicial que los puso en movimiento hacia alguna parte. Es terrible perder la propia herida. Es como ser cercenado, como unidimensionarse. Ya no quiero hablar de cimas ni de fondos. La geografía vital me impide decir algo bueno tomando sólo estas pachotadas, estas metáforas baratas del medidor con que el mundo califica un estado. Me arrepiento de haberlo intentado. No se puede estar completamente arriba ni completamente abajo porque nunca se está en un solo lugar y mucho menos se está quieto. ¿Qué imagen podría resultar adecuada para ilustrar la experiencia total, por ejemplo, contenida en la biografía de una persona? ¿Un mapa? ¿Una enciclopedia ilustrada sobre animales feroces? ¿Una propaganda de cardioaspirina? Lanzar por la borda las intenciones. Soy un felino mediano de rapacidad discreta que da vueltas en círculos y a ratos en rombos. Dar vueltas en rombos y oye, Leticia gutierrezzz, cómprame un rombo ahí en el kiosko del centro y me aprovechai de traer una porno de ésas bien baratas, porque acá en la Villa Semen-Tedio son fomes hasta los fines de semana, o incluso diría, especialmente los fines de semana. A los hijos les caen mal los papás y a los papás les apestan los hijos. Y tienen q mascar fideo juntos. Y cada finde la cosa empeora porque la mamá trae más adornos del todo a mil (abierto el sábado en la mañana), y los hijos con justa razón, ante tantos adornos ofensivos, tratan de conseguirse una mamada por chat. Para qué, a ver, para qué la mamá compró ahora este jarrón café. A ver mamá, qué entiende usted cuando decimos descansar. Por qué, por qué soy un hijo estilo entre metalero y nada, de 19 años, y por qué mi hermana medio guatona se pone esas poleras que le quedan ultra apretadas, no quiero que parezca paté, no quiero que se burlen y se rían de ella porque la quiero, y yo sé que en la plaza dicen ahí viene el paté de cerdo y no quiero contarle para que no llore pero tampoco se me ocurre decirle algo para ayudarla, si yo apenas tengo mi cagá de pieza que es todo lo que hay y allí encerrado tengo que padecer mi edad y mi suerte y menos mal que existe slayer loco si no me mato.

Y me fui a ver las cartas con una vieja que conoce mi tía porque me quería darme eso de regalo de cumpleaños y la vieja me predijo que el otro año entraría a estudiar Reparación de Clavos y Tornillos al Instituto Rema Fuerte, que ahí conocería a una loca, jocelyn, o irma, pero que pelearíamos mucho porque a ella no le va a gustar que yo fume yerba, entonces me va a amenazar con terminar si no dejo los huiros y pucha me dio lata, si a mí los huiros me hacen como bien (no sé explicarlos si se supone que son droga, onda fatal, lo peor), al final la polola va a quedar embarazada porque no se sabe tomar las pastillas y voy a tener que fumar huiro escondido no sé cuantos años y trabajaré en un local de completos y viviremos allegados donde su mamá que es mormona y bien fea y que toma onces desde que se levanta hasta que se acuesta, haciendo pausas sólo para quejarse; me especificó que la suegra ésta es bien hedionda y que usa calzones beige.



A ver, a propósito de la cima, ¿Evo morales podría decirse que está en la cima? No. Parece que el Evo no es nada de leso. Ya está al tanto de lo incognoscible de la topografía de la vida (bueno los andinos de esto saben, pucha cai que saben). Los políticos son la alteridad radical y se triunfa sobre ellos en la medida en que ni siquiera se les considera como a sujetos, por ende no hay plataforma posible desde donde pensarlos, dialogar ni pelear con ellos (adaptación de Baudrillard). Pero por el Evo yo siento otra cosa, no sé muy bien, no me he documentado porque en términos gruesos soy una ignorante –en parte orgullosa en parte perpleja al respecto-. El Evo no es ningún tonto ni es malandra, no es un político es un boliviano, es un aymara y los aymara tienen tradición en esto de entender, ejercer y fundamentar la autoridad y el poder de un modo muy diferente al de nosotros (nosotros en tanto somos U.S.A.). Yo no es que sea mala para estudiar, soy buena para estudiar pero tengo dos problemas, que soy muy hedonista-dispersa (en parte por eso paso pendiente de agenciarme sustancias para estudiar pero con la percepción alterada), y que tengo un hoyo negro en el cerebro por donde la información se escapa deslizándose, muerta de la risa la maraca. Mientras más cosas le meto al encéfalo y sus amigos, más se agranda el hoyo, y eso que yo contaba con que tanto ungüento finalmente lo tapara.

Nano Quezada Fredes, que se vio las cartas y palpó que lo que viene es tan blandengue y tan tristemente trivial como todo, es de Copiapó y de San Fernando y de La Calera, o de cualquiera de esas localidades. Ya decidió que no piensa pescar a ninguna Jocelyn ni a ninguna Irma y no quiere saber nada de calzones beige gigantes de viejas obesas adictas al azúcar. Nano Quezada no está en “esa” cima de la que antes se pretendió –sin éxito- hablar a cierta cabalidad. Está en otra cima: en la cumbre de la mediocridad que la maldad de los hombres de esa otra cima (esos que tienen, a modo de fetiche, tanto pero tanto oro, que en sus vidas podrán jamás alcanzar a convertirlo en placer y jolgorio) han dispuesto para él, y para hordas de seres humanos. El paisaje que habita oscila entre lo aberrante y lo insulso. Al menos, él es habiloso: se achaca. Al menos, él no es ningún tonto: jamás iría a un mol y, mientras esté vestido como entre metalero y nada, le vale un carajo que la ropa salga de un basural o de una tienda. No tiene estilo, es cierto –lo que es significativo cuando uno es cabro-, porque ahí en la plaza reina el eclecticismo y las redes sociales íntimas y solidarias se molieron y no llegan a volver a tejerse porque la pasta base hace rato transformó la comunidad en un territorio minado ante todo de sospechas y codicias. Su villa no es flaite, es clase media baja, pero no faltaron los vivarachos que se pusieron a vender, y aunque no gobiernan las calles ni son los tremendos dealers, bastó con que dos o tres captaran que ahí estaba el easy Money, para que todo cambiara en la red de vínculos de esos jóvenes que habían crecido juntos. Ahora están los que venden y que sólo pretenden ganar más adictos. Están los adictos cuya descomposición progresiva ha hecho llorar a Nano en algunas ocasiones. Niños hace no muchos años, rebosantes de energía y desbordados de ansias por jugar y jugar y correr y sudar, hoy son semi-cadáveres que, en los casos más graves, apenas consiguen articular palabra. Por otro lado, están los raperos; eran amigos desde chicos también con el Nano, y son los únicos que tienen su tribu y su estilo y su espacio. Pero al Nano no le gusta el hip hop: le gusta el metal. Pero tampoco cachan tanto, ni él ni sus amigos, así que se ponen poleras plomas y bluyines plomos y se dejan el pelo medio largo y le dan como caja a megadeth y a slayer. Los otros amigos del Nano no se bajonean nunca porque piensan que tomarse unas escudo es la plenitud.

Sus mejores días son cuando tiene, junto a sus panas, la suerte de conseguir marihuana, y se aíslan en la inmunda orilla del río y fuman: fuman con honestidad, con devoción, con sacralidad incluso para lo que son sus parámetros; fuman como buenos chicos que son, fuman haciéndose a sí mismos el bien, cuidándose al procurarse una estrategia para tener sobre las cosas otra mirada; y cuando están al fin volados ven que las cosas son como más bonitas y que los problemas son realmente problemas y que eso significa que como tales también pueden tener solución, y les da risa cualquier cosa y hasta alcanzan a diseñar sueños, “¿y si hiciéramos una banda de metal?”; “¿y si nos vamos carepalo a estadosunido a trabajar en cualquier cosa?”; “¿y si juntamos plata y nos conseguimos la van del papá del Óscar y nos vamos a Chiloé este verano?”…

La topografía de la vida, al fin, no puede ser descrita. Porque no hay sino relatos, apreciaciones, narrativas pobres o exquisitas, y cada uno percibe la altura geográfica de su sino de acuerdo a condicionamientos o puntos de vista que le son únicos. Unos están en lo más alto tomándose unas escudo. Otros están en lo más bajo y decrépito tragándose el arroz con huevo mientras evitan mirar los ojos embusteros –pero inocentes- de sus padres, que creen que la vida es eso que les fue dado. Pero la cima que te proponen los endemoniados cristianos que tienen la sartén por el mango, a sabiendas de que nunca la alcanzarás y les regalarás tu sangre y tu alma procurando llegar hasta allá; ésa, como dice la canción (todo esto nació de esa canción que estoy haciendo), esa cima, lastima. Lastima a los que la alcanzan y a los que se desangran en el camino. Lastima a los que quieren buscar su propia senda y a los que radiantes se esfuerzan en avanzar hacia el espejismo, sin consciencia de que han hipotecado lo más precioso y lo único que realmente “poseen”: su corazón. Oye hueón ahueonao, yo no pretendo contarte nada nuevo, yo no aspiro a que tú me ofrendes tu reconocimiento por explicitar estas cosas tan inmensamente evidentes, tanto que llega a ser pueril el sólo señalarlas. Pero yo tengo mi modo de abrirme paso en esta masacre y lo hago así, y hoy veo que lo hago asá, en textos que no son cuentos que no son poemas que no son ensayos que no son manifiestos que nos ficciones y que no son reportajes. Ya sé que en estos tópicos, ves lo mismo que yo veo. ¿Te digo algo, accidental lector? La Cultura [dominante] no es tu amiga (McKenna). No es tu aliada. No surjas nunca, jamás te salves (M.B.); si es necesario, procede como dice el buen Nietzsche, a hacer aquello que hacen los que él dice amar: procura crear algo más grande que ti mismo, y de esa suerte sucumbe. Arde en tu propia llama, no en las del infierno que se esconde tras la sonsa promesa de surgir y ser alguien en un mundo que no es tuyo sino de ellos: alguien que asciende (¿asciende?) cambiando periódicamente su auto, adquiriendo creciente estatus y jerarquía, ganando cada vez más maní (sí, maní, money, eso que enloquece a los monos). Procura en cambio, si gustas, adquirir autoridad, que es la prístina y discreta supremacía que te dará el entendimiento y la sabiduría, y que se opone a la jerarquía (J. Blanco) que insiste en hacer torres con la gente, porque la autoridad nace de haber hecho tu trabajo, a consciencia, en silencio y con seriedad: eso te autoriza a decir, oiga señor, con todo respeto, yo sé de lo que le estoy hablando.

Oye, superman, oye, suicida: busca para ti mismo una vida cada vez más delicada y sencilla.

Hay la diferencia, entonces, porque la topografía no es una, o si es una es un conjunto que no podemos reflejar. Hay la diferencia y a ella debemos atender. Pero hay algo más. Hay una sustancia. ¿Le digo qué, señora Cecilia Gaete, señora Nuri Baeza, señora Cora Mardones? Todo lo que les dijeron es mentira. Todo lo que creyeron y utilizaron como los puntales en el diseño de sus propósitos, está más que vacío: está lleno de veneno. Señora. Bote sus tarjetas de casas comerciales. No vuelva jamás a teñirse el pelo. No tome más bebida toda la semana (salvo que la mezcle con un fuerte). No les diga más a sus hijos palabra alguna; cámbielas todas por abrazos y sonrisas. Bote los adornos de su casa y deje de sacarse las cejas. Olvídese de cambiar la tele y ni se le ocurra tener un aifoun o un blacverri. Si su celular le sirve para hacer y recibir llamadas, dele gracias a los laboriosos técnicos y científicos que le han regalado tamaño privilegio y úselo hasta que las teclas colapsen y la batería se agote. No se compre más ropa en el mol; hay mucha basura ya así que a bandera los pasajes o si prefiere a otras tiendas pero de ahora en adelante pura ropa usada. O saben que más, Cecilia, Nuri, Cora: hagan lo que quieran. Yo también estoy podrida, pero de otra manera. No soy quien para decirles nada. Pero si se animan a escuchar, sólo recuerden esto: es mentira. Lo que les ofrecen, lo que les plantean como una vida lograda, es absolutamente falso. Lamento la soberbia que pueda translucir esta sentencia declamada con un tono de tan completa certeza, pero no es soberbia ni es certeza: es lo único que he aprendido y, en consecuencia, lo único que tengo para ofrendarles.

De hecho: sáquense las cejas. Yo también me depilo y me hago la manicure. Me gusta andar monaza por la vida porque soy la única muñeca que me queda. Qué lamentable, qué mezquino y miserable sería que quien suscribe se volviera dogmática. En el fondo es otra cosa la que quiero decirles, algo que me dijo alguien en un momento muy adecuado, algo que cambió mi vida o incluso, posiblemente, permitió que ésta se preservara: no importa lo que hagas, no importa lo que anheles, se trata simplemente, de dónde pones tu corazón. Y un corazón en una tarjeta hites, haría llorar a los dioses.

Cora, Mónica, Cecilia, rita, chabela, laura, hagan lo que quieran, pero cultura is not your friend. Lean a Foucault, les recomiendo.

Qué lindo llamarse Rita, es como llamarse Rito.

Ya. La diferencia entonces. Somos antropoarqueólogos. No somos sicólogos. No nos interesa disciplinariamente la multiplicidad de caracteres ni de trastornos de la personalidad. Lo que me cabe decir sobre si atender a la diferencia o a la semejanza en el fenómeno humano y cultural, es simplemente que, ambos aspectos son igualmente relevantes pues ambos se presentan en la realidad social mirada transversal y diacrónicamente. No me gustan las dicotomías tajantes y creo que la fenomenología aplicada a estas disciplinas tiende a poner las cosas en su lugar, al menos en el lugar que a mí me parece más pertinente. El culturalismo nos abrió el mate y nos mostró fenómenos y modos de mirar de inmensa riqueza. Pero discrepo con la idea de que la cultura en tanto fenómeno simbólico sea del todo arbitraria (ya lo dije). Hay algo que nos vincula. Y mira sapo lector el saltito que me voy a pegar: nos une, más allá de los lugares comunes registrados por la antropología, el hecho de que en todos nosotros hay un núcleo que es incorruptible. Oh Charly, la libertad siempre la llevarás dentro del corazón; así nos corrompamos, así nos olvidemos, ella siempre está, y a ella, a la joya escondida hasta en el más vil de los sujetos, siempre podemos regresar.

Y para ti, Nano Quezada, nada de eso que te predijo esa tipa. Yo también te vi las cartas, y la entereza y sensitividad que hoy eleva tu conciencia y te hace ser diferente en tu desgracia juvenil anclada en la mediocridad de tu entorno, te abrirá mundos internos insospechados, y con el auxilio de una fuerza que hoy está en silenciosa gestación, un día mirarás y respirarás el cielo y dirás: la existencia es tan inabarcablemente honda, que este sólo instante justifica los años de miseria.

sábado, 20 de febrero de 2010

The Pésim

Ya estoy muerta o tan muerta como puedo estar. Ya estoy lista para desangrarme. Ni siquiera necesito la necia confirmación de los hechos.


O de lo contrario, pactar con el amor en forma seria, perseverando en la conciencia de que no hay forma de vivir en él si no es a través de la más descarnada libertad. Es así como lo he entendido; es así como lo he practicado. No me falta el conocimiento pero en esta oscura hora, éste no alcanza a constituir sabiduría. Sé cuan sinsentido es empeñarse caprichosamente en conducir el devenir según la voluntad, que es tan estrecha y tan permeable.

Lo que pasa es que sencillamente, siento que el padecimiento esta vez podría destrozarme en serio. Y yo ya soy un mosaico de fracturas. Tengo grietas por doquier. Me descompondré y me perderé de la posibilidad de llegar, con la mirada translúcida y el corazón henchido de amor a la Tierra, a la solemne cita con mi muerte, allá, en un tiempo que vendrá, en mis montañas sublimes donde he de fenecer, pero que este cataclismo puede imposibilitar, si me descompongo, si al fin me pudro.

Pero…

Puede venir otro rayo.

Pueden responder los dioses.

Puede que el tiempo que parece vacío sea el espacio y el aire que necesitamos.

Puede que las tontas “vueltas de la vida” dejen de obligarme a trazar círculos descentrados.

No quiero más de las vueltas de la vida. Siempre vuelvo a un lugar parecido y siempre florezco de forma equívoca.

Si a propósito de esto, alcanzara tan sólo la redención mediante la Gran Obra… pero soy un ente situado incluso más allá de los márgenes, una transborderline, un cúmulo de defectos no obstante tan adorable, que hasta yo me doy cuenta de mi propia dignidad y rectitud, a pesar de mi torcedura fundamental, pero de lo que a mí misma y la vida le debo, nada, nada, nada jamás cosecho.

Soy tan equívoca que no camino.

Soy tan débil que no respiro.

Soy un entuerto que ni siquiera alcanza a ser interesante. Escribo porque no sé hacer otra cosa, como un deficiente mental arruga papeles de colores.

Soy el mapa de un tesoro agusanado que contiene instrucciones para acabar de una buena vez mirando la muralla, tuentupiezatú, para siempre, y para nadie.

miércoles, 6 de enero de 2010

YO NO SOY YO (por eso soy arqueo-antropóloga)

“Yo” no soy yo.

Hace tiempo lo sé, y hace tiempo me conmueve saberlo.
Ni siquiera es que yo no sea yo en relación a lo que aparece como real y presente en mi entorno inmediato o co-temporáneo. Yo no soy yo en absoluto, en ningún nivel de análisis -ni como molécula ni como mamífera ni como mono grande ni como sujeto-, y por eso es que este yo, que inevitablemente lleva sobre sí la carga o la bendición de una consciencia, necesita ampliar la comprensión –aunque a la hora final, resulte que mi esfuerzo fue una payasada, aunque me equivoque, aunque mis pretensiones sean fútiles e inconducentes-, este yo necesita leer las cuerdas que le ligan a la totalidad o a ciertos tramos, las miradas suspendidas en paisajes hace ya mucho abandonados por las gentes y las gentuzas, donde ojos fisiológicamente idénticos a los míos se posaron y se hicieron al unísono uno con el entorno, y hoy que ya no hay testigos, pero si el rumor insistente de los andantes de esos caminos, de los observadores de esos paisajes, del frío y la sed de esos animales humanos que, después de todo, sobrevivieron a cualquier precio, para perpetuar la continuidad incomprensible que hoy me tiene aquí, frente a la pantalla o frente a mi pecho apretado, tratando de resolver algo, tratando de recuperar la cadena insondable que me sostiene, que me explica, que mi existencia permite, y aunque tantas tantas veces prefiera la muerte, lo cierto es que estoy aquí respirando, maquinaria indescifrable, fruto de una red de rutas que no pueden desenhebrarse, y si estoy aquí, lo menos que le debo a ese estar, es decirles a ustedes: yo, en ningún caso, soy yo. Y es por ello que procuraré traer a la mano la voz, la mirada, el testimonio posible de la amarga noche y la triunfal jornada de quienes me precedieron, y preservaron la extraña posibilidad de que hoy yo sepa, ante todo, que no soy más que la última nota destemplada del aullido humano, tan arduo, tan exquisito, y que sería muy desleal con ese caldo raro que hierve en mi pecho, si no comprometiera mis esfuerzos en dejarle claro al mundo, que sólo porque ellos existieron es que hoy tú te endeudas en La Polar, sólo porque ellos hicieron –con desigual suerte- la ruta de Cobija a Potosí o viceversa, es que hoy te pones la camisa –planchada por cierto- que tu capricho escoge, y es porque ellos se atrevieron a hacer mucho más que sobrevivir, y con una centésima parte de los recursos que tú y yo tenemos, que hoy puedes ser un buen cristiano, o golpear a tu esposa, o pasar unos días en Cancún, o evaluar que pasta de dientes prefieres para enjabonarte tu primate hocico.